lunes, 3 de agosto de 2009

Hablando de felicidad

No sé en qué punto de mi vida empezó mi odio hacia los domingos, pero siento que conozco esa sensación del advenimiento de algo malo desde muy pequeña. Quizás desde que empecé a ir al colegio y hasta las profesoras habían decidido odiarme por razones que hasta el día de hoy no entiendo. Quizás.

Pero lo que sí sé es que ayer fue un domingo más, y por (¿)primera(?) vez en mi vida no sentí la nostalgia anticipada ni esa inmensa agonía de lo inevitable.

Ayer fue una amiga a vernos a casa y celebramos su cumpleaños atrasado. Partimos preparando el almuerzo: lasagna hecha en casa, mientras en los parlantes del computador sonaban nuestros discos preferidos de Queen: A Night At The Opera, A Day At Races, Jazz y A Kind Of Magic.

Durante el almuerzo reímos con las acrobacias de Michael Jackson, el cobayo chico que estamos cuidando mientras le encontramos un dueño que no sea peruano, y luego rematamos la tarde con un cafecito, pastel y una película.

Había olvidado lo fácil que es ser feliz con cosas simples.

Y no es que no lo supiera o no me acordara, es que sencillamente mi cabeza ha divagado por lugares menos placenteros últimamente, y necesitaba zamarrearme un poco los pensamientos con una buena dosis de gente querida.


Como decía la chica buena de la película: "El mundo es un patio de juegos, lo tenemos muy claro cuando somos niños, pero en algún momento lo olvidamos".


Dioses, cómo amo enloquecer cantando Queen en cualquier parte!

4 comentarios:

Paula Adriana dijo...

Qué curioso, ayer tuve un domingo parecido, plagado el corazón de gente querida.
En general, los domingos son cerdos, en lo personal, siento que el peso de la semana se me viene encima y que no hice nada durante la semana. Los atardeceres dominicales son los más tristes y feos.
Te mando saludos, y me alegro de que hayas tenido un día de amor a borbotones.

Mely dijo...

¡Opino lo mismo que tú, Nadia! ;)
Me alegra que lo hayan pasado tan bien, porque yo lo disfruté de principio a fin =D

Hay que repetirlo!!

Y me voy a comprar la película. Me hace falta decir más síes, jajaj.

Abrazos!

Kim Astaburuaga     dijo...

Lo que pasa esque cuando piensas en domingos es un rotundo dolor de estomago... el pensar en el colegio... yo desde chica solia padecer de eso... luego me enamoré y solo queria ir... pero luego volvi a no querer y a odiarlos hasta ahora.

la desesperacion colectiva del séptimo día.

una Nadia dijo...

Paula: Nada mejor que el cariño para combatir los domingos, cierto? n.n

Mely: Y me bajé la música!!!

Kim: Me gustó ese término de la desesperación colectiva del séptimo día... ;)