viernes, 11 de septiembre de 2009

No me la va a ganar

Jueves, acabo de almorzar y salgo camino al trabajo. Me subo al vagón y de pronto me invade una extraña incomodidad, que le aquejo a mis ganas de llegar pronto al trabajo, a pesar de que no voy atrasada.

Me bajo en la combinación para seguir con las 10 estaciones que me faltan en la otra línea cuando se me ocurre mirar la hora. Mi celular no está, me lo quitaron probablemente en el mar de gente que siempre hay en la estación de combinación.

No importa, es sabido que en esta época hay que tener más cuidado porque de alguna forma los delincuentes se tienen que hacer las monedas para ir a las fondas en fiestas patrias.

Luego de avisar a los seres importantes que perdí mi celular y bloquear el chip, me pongo a trabajar, feliz porque a la tarde me junto con una amiga a tomar un rico café. La tarde transcurre rápido y sin problemas hasta poco antes de mi hora de salida.

Se me pegó el sistema y por suerte alcanzo a recuperar mi último trabajo antes de tener que reiniciar.

Pero eso no sirve y estoy (estamos) un buen rato tratando de hacerlo funcionar. Al final, me rindo y me voy a mi junta. En el ascensor pienso que cualquier otro día esas dos cosas me hubiesen puesto de mal humor, pero no hoy. Parece que he cambiado.

Paradero, la micro se pasó pero igual paró porque tenía semáforo rojo. Corro y pongo mi mejor cara de buenita, el chofer abre las puertas, agradezco y voy a pagar... No tengo plata en el pase, demonios!

Busco mis bips de emergencia, rezando porque alguna tenga saldo o por lo menos hacer tiempo para que la micro me acerque al lugar de reunión, caminar menos cuadras. Bip! uf... voy por el pasillo pensando 'qué día raro...' y aparece en mi mente el lema: No me la va a ganar! y para obligarme a ello miro por la ventana buscando algo que refuerce mi idea, y he ahí un árbol lleno de flores que no alcanzo a distinguir. Sonrío, nada me detendrá.

Bajo de la micro y veo a la señora de los aros. Paso a comprarle dos pares, como ya es mi costumbre, me encamino al lugar de mi cita pensando que si le sonríes a la vida al menos no te pegará de vuelta... Semáforo: verde.

Cruzo la calle pendiente de que la luz no vaya a cambiar, me quedan un par de pasos y la luz pestañea una vez (WTF!!!) y cambia a roja. Los autos a mi lado rugen y debo correr a la otra acera, donde siento la ráfaga de viento de los autos acelerando rozar mi cuerpo. Asustada, me repito que nada pasará. Debe ser sólo coincidencia. Y de no serlo, NO ME LA VA A GANAR!

La reunión transcurre sin más incidentes, y cuando nos echan de la cafetería salimos a caminar, la noche está agradable. Nos despedimos en un metro, me pongo los audífonos y subo al carro, pensando que, irónicamente, si alguien intentara asaltarme no tendría mucho más que el pendrive para entregarle, pero ni loca porque me aburre el metro sin mi música.

Hago la combinación a casa y en mi carro se sube un grupo de huasos borrachos, que empiezan a hacer numeritos de curados que hacen reír a algunos hasta que deciden ponerse choros y se ponen a molestar a la gente...

Ok, me digo, apenas me baje voy a llamar a casa para que Daniel venga a buscarme a la estación, esto ya es mucho... demasiadas advertencias en el camino. E insisto: Día del mal, NO ME LA VAS A GANAR!!!

Salgo del metro, no veo nada malo y decido salir... la pienso de nuevo, de pronto me doy cuenta que todo el día he sentido un nudo en el estómago que aún no se ha ido y voy al teléfono público, que para más remate me cobró $500 por una mísera llamada a un teléfono fijo. Es todo. Díganme neurótica, pero ese día algo raro debió pasar. Pero no me la ganó.

2 comentarios:

Paula Adriana dijo...

No te la ganó, y tuviste un día de aquellos!

Mely dijo...

Qué penca cuando pasa eso!! Debo confesar que, cuando me toca un día así, dejo que me la gane, aunque sea un rato. Soy como una olla a presión y, si no lloro aunque sea un poco, terminaría acriminándome con algo o alguien xD

Saludos, y qué bueno que no te pasó nada peor!